Alrededor del año 2011 en Guayaquil empezaron a aparecer parches grises en distintas paredes de la ciudad de forma sistemática. Esto se debía a que varios artistas habían empezado a usar paredes abandonadas como un lienzo, plasmando grandes y coloridos murales. Pese a que estas pinturas alegraban la vista al pasear por la ciudad, el Ayuntamiento no estaba muy contento con el origen de las obras que en algunos casos podían sutilmente contener crítica social, por lo que un escuadrón con brocha en mano y pintura gris estaba listo para borrarlos inmediatamente. Lo curioso es que mucho graffitis ofensivos y con contenido sexual explicito permanecían intactos. La atención iba directamente a los murales artísticos.

Paredes coloridas como forma de protesta

A partir de esta situación, se creó un grupo de acción convocado por Daniel Adúm (arista) en el que cualquier persona podía participar libremente, únicamente tenía que llevar todo lo necesario para pintar una pared su brocha y un litro de pintura del color que prefiera. La operación era la siguiente: cubrir los parches grises del Ayuntamiento con parches de colores. Cada persona se encargaba de pintar cuadrados o rectángulos a lo largo de las paredes para lograr una obra conjunta.

Como era de esperarse, se empezó a generar una pequeña guerra de pintura en la que tanto autoridades como artistas y colaboradores estaban pendientes de la próxima pared a pintar. Eventualmente, las aguas se calmaron y se llegó a una tregua, sin embargo todos en la ciudad recordarán esta colorida controversia.

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